El verano es una época para disfrutar del buen tiempo, de los paseos al aire libre y de los días más largos. Sin embargo, también es una de las estaciones en las que debemos prestar más atención a la salud de las personas mayores. Las altas temperaturas pueden afectar de forma importante a su organismo y aumentar el riesgo de sufrir un golpe de calor o una deshidratación, dos situaciones que pueden llegar a ser graves si no se detectan y tratan a tiempo.

Cada año, durante los meses de julio y agosto, aumentan las consultas médicas y los ingresos hospitalarios relacionados con el calor, especialmente entre las personas mayores de 65 años. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, estos problemas pueden prevenirse con medidas sencillas y con una buena organización del día a día.

En este artículo te explicamos por qué las personas mayores son más vulnerables al calor, cuáles son las señales de alarma y qué puedes hacer para proteger a tus seres queridos durante el verano.

¿Por qué el calor afecta más a las personas mayores?

Con el paso de los años, el cuerpo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal. Además, es frecuente que aparezcan enfermedades crónicas o tratamientos médicos que dificultan aún más esta adaptación.

Algunos de los factores que hacen que las personas mayores sean más vulnerables son:

  • Disminución de la sensación de sed.
  • Menor capacidad para sudar.
  • Problemas de movilidad que dificultan acceder al agua o buscar un lugar fresco.
  • Enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales.
  • Consumo de medicamentos como diuréticos, antihipertensivos o algunos tratamientos para enfermedades neurológicas.
  • Vivir solos y no contar con supervisión diaria.

Por todo ello, una persona mayor puede estar perdiendo líquidos durante horas sin darse cuenta de que necesita hidratarse.

¿Qué es un golpe de calor?

El golpe de calor es una situación de emergencia que ocurre cuando el organismo no consigue regular su temperatura y esta aumenta de forma peligrosa.

No siempre aparece de forma repentina. En muchas ocasiones comienza con síntomas leves que, si no se detectan, pueden agravarse rápidamente.

Por eso es tan importante conocer las señales de alarma.

Síntomas de deshidratación

La deshidratación suele aparecer antes que el golpe de calor y es una de las principales causas que pueden desencadenarlo.

Los síntomas más frecuentes son:

  • Boca seca.
  • Sed intensa.
  • Cansancio o debilidad.
  • Dolor de cabeza.
  • Mareos.
  • Disminución de la cantidad de orina.
  • Orina muy oscura.
  • Piel seca.
  • Confusión o desorientación.

En personas mayores con deterioro cognitivo estos síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con otros problemas de salud, por lo que la supervisión es especialmente importante.

Síntomas de un golpe de calor

Cuando la temperatura corporal aumenta excesivamente pueden aparecer signos mucho más graves:

  • Temperatura corporal elevada.
  • Piel caliente y seca.
  • Respiración acelerada.
  • Pulso rápido.
  • Confusión.
  • Somnolencia.
  • Dificultad para hablar.
  • Pérdida de equilibrio.
  • Desmayo o pérdida de conciencia.

Ante cualquiera de estos síntomas es fundamental solicitar asistencia sanitaria de inmediato mientras se intenta bajar la temperatura corporal trasladando a la persona a un lugar fresco y aplicando paños húmedos.

Cómo prevenir la deshidratación

La mejor herramienta es la prevención.

Mantener una hidratación constante

No hay que esperar a tener sed para beber.

La sensación de sed disminuye con la edad y muchas personas mayores creen que están bien hidratadas cuando en realidad no lo están.

Lo recomendable es ofrecer líquidos de forma frecuente durante todo el día.

Además del agua, también ayudan:

  • Infusiones frías.
  • Caldos suaves.
  • Zumos naturales sin exceso de azúcar.
  • Agua con frutas.
  • Gelatinas.
  • Frutas con alto contenido en agua como sandía, melón, naranja o fresas.

Si la persona tiene restricciones de líquidos por alguna enfermedad, siempre debe seguir las indicaciones de su médico.

Adaptar la alimentación

Durante el verano conviene optar por comidas ligeras y fáciles de digerir.

Algunas buenas opciones son:

  • Ensaladas.
  • Cremas frías.
  • Verduras.
  • Pescado.
  • Frutas frescas.
  • Yogures.

Las comidas muy copiosas generan más calor corporal y pueden favorecer la sensación de fatiga.

Mantener la vivienda fresca

No es necesario disponer de un gran sistema de climatización para mantener una temperatura agradable.

Algunas recomendaciones son:

  • Ventilar la casa a primera hora de la mañana y por la noche.
  • Mantener persianas y cortinas bajadas durante las horas de mayor calor.
  • Utilizar ventiladores o aire acondicionado cuando sea posible.
  • Evitar fuentes de calor innecesarias como hornos durante las horas centrales del día.

Una temperatura confortable ayuda al organismo a trabajar con menos esfuerzo.

Evitar salir en las horas de más calor

Entre las 12:00 y las 18:00 horas las temperaturas suelen alcanzar sus máximos.

Si es necesario salir, es preferible hacerlo:

  • A primera hora de la mañana.
  • Al atardecer.
  • Buscando zonas de sombra.
  • Haciendo descansos frecuentes.

También es recomendable llevar una botella de agua y evitar caminatas largas.

Utilizar ropa adecuada

La ropa influye mucho en la regulación térmica.

Durante el verano es aconsejable:

  • Tejidos ligeros y transpirables.
  • Colores claros.
  • Calzado cómodo.
  • Sombrero o gorra si se permanece al sol.

Estas medidas sencillas ayudan a mantener una temperatura corporal adecuada.

La importancia de mantener cierta actividad física

Aunque haga calor, no conviene caer en el sedentarismo.

Caminar unos minutos en las horas adecuadas, realizar ejercicios suaves en casa o hacer estiramientos ayuda a mantener la movilidad, mejora la circulación y favorece el bienestar general.

Eso sí, siempre adaptando la intensidad a las capacidades de cada persona.

El papel del acompañamiento durante el verano

Uno de los mayores riesgos del verano es la soledad.

Cuando una persona mayor vive sola, puede pasar horas sin beber agua, olvidar la medicación o no detectar que está empezando a encontrarse mal.

La presencia de un cuidador o de un familiar permite controlar aspectos tan importantes como:

  • Que beba suficiente agua.
  • Que coma correctamente.
  • Que mantenga una temperatura adecuada en casa.
  • Que salga a pasear en horarios seguros.
  • Que cualquier cambio en su estado de salud se detecte rápidamente.

Muchas veces, prevenir consiste simplemente en que alguien esté pendiente.

Cómo puede ayudar un servicio de ayuda a domicilio

Durante julio y agosto muchas familias salen de vacaciones o modifican sus horarios habituales. Esto hace que resulte más complicado atender a una persona mayor como el resto del año.

Un servicio profesional de ayuda a domicilio puede ser un gran apoyo durante estas semanas.

En Prefiero en Casa adaptamos nuestros servicios a las necesidades de cada familia.

Nuestros profesionales pueden encargarse de:

  • Supervisar la hidratación.
  • Preparar comidas frescas y saludables.
  • Acompañar durante los paseos.
  • Controlar la medicación.
  • Detectar cualquier signo de deshidratación o golpe de calor.
  • Ofrecer compañía y apoyo emocional.

Todo ello permite que las personas mayores disfruten del verano con mayor seguridad y que las familias puedan vivir estas semanas con mucha más tranquilidad.

Consejos rápidos para proteger a una persona mayor del calor

Si quieres resumir las medidas más importantes, recuerda estas recomendaciones:

  • Ofrece agua varias veces al día, aunque no la pida.
  • Evita las salidas en las horas centrales.
  • Mantén la vivienda fresca.
  • Prioriza comidas ligeras y ricas en agua.
  • Utiliza ropa cómoda y transpirable.
  • Observa cualquier cambio en su comportamiento o estado de ánimo.
  • Nunca dejes sola durante muchas horas a una persona especialmente vulnerable cuando las temperaturas sean muy elevadas.

Un verano seguro empieza con pequeños gestos

El calor no tiene por qué impedir que las personas mayores disfruten del verano. Con una buena hidratación, una alimentación adecuada, horarios adaptados y el acompañamiento necesario, es posible reducir de forma muy significativa el riesgo de sufrir un golpe de calor o una deshidratación.

En Prefiero en Casa sabemos que cuidar significa también prevenir. Por eso acompañamos a las personas mayores durante todo el año, pero especialmente en los meses de verano, cuando pequeños detalles como recordar un vaso de agua, acompañar en un paseo o preparar una comida fresca pueden marcar una gran diferencia.

Si este verano necesitas apoyo para cuidar de un familiar, nuestro equipo de profesionales está preparado para ayudarte con un servicio flexible, personalizado y adaptado a cada situación. Porque cuidar en casa sigue siendo la mejor forma de cuidar.