Septiembre es el mes de la vuelta. Vuelven los colegios, el trabajo recupera su ritmo habitual, terminan las vacaciones y las familias reorganizan sus horarios después de varias semanas en las que prácticamente todo ha sido diferente.

Para las personas mayores, esta vuelta a la normalidad también supone un cambio importante. Durante julio y agosto pueden haber recibido más visitas, haber pasado unos días con sus hijos o nietos, haber cambiado sus horarios o haber contado con un cuidador diferente. También puede suceder justo lo contrario: que hayan estado más solas debido a las vacaciones familiares.

Por eso, septiembre es un buen momento para detenernos y preguntarnos algo importante: ¿está nuestro familiar mayor recibiendo actualmente la atención que realmente necesita?

La vuelta a la rutina puede ser una oportunidad perfecta para revisar su situación, reorganizar los cuidados y anticiparnos a necesidades que quizá durante el verano hayan empezado a hacerse evidentes.

¿Por qué septiembre es un buen momento para revisar el cuidado de una persona mayor?

Las necesidades de una persona mayor no permanecen siempre iguales. La autonomía puede cambiar progresivamente y, precisamente por producirse de manera gradual, la familia puede tardar en darse cuenta.

Las vacaciones ofrecen muchas veces una oportunidad excepcional para observarlo.

Pasar varios días seguidos con nuestros padres o abuelos puede permitirnos detectar pequeños cambios que durante el resto del año pasan desapercibidos.

Quizá hemos observado que nuestra madre tarda más en vestirse. Que nuestro padre se siente inseguro al caminar. Que la casa está menos ordenada que antes. Que olvidan alguna medicación. O simplemente que necesitan más compañía.

Ninguno de estos cambios significa necesariamente que exista una situación grave, pero sí pueden indicar que ha llegado el momento de incorporar algún tipo de apoyo.

Señales que pueden indicar que necesita más ayuda

Cada persona envejece de manera diferente. Por eso no existe una edad concreta a partir de la cual sea necesario contar con ayuda a domicilio.

Lo importante es observar su capacidad para desenvolverse en las actividades cotidianas.

Algunas señales que pueden ayudarnos a identificar una necesidad de apoyo son:

  • Dificultades para ducharse o vestirse.
  • Problemas para preparar comidas.
  • Pérdida de peso sin una causa clara.
  • Olvidos frecuentes relacionados con la medicación.
  • Menor limpieza u organización de la vivienda.
  • Inseguridad al caminar.
  • Caídas o pequeños tropiezos frecuentes.
  • Reducción de las salidas de casa.
  • Falta de interés por actividades que antes disfrutaba.
  • Sensación frecuente de soledad.

Lo importante no es analizar una señal de manera aislada, sino observar el conjunto.

Volver a establecer horarios después de las vacaciones

Durante el verano somos más flexibles con los horarios. Esto puede ser agradable durante unas semanas, pero septiembre es un buen momento para recuperar cierta estabilidad.

Mantener horarios regulares puede ayudar especialmente a las personas mayores.

Es recomendable establecer nuevamente una rutina para levantarse y acostarse, las comidas, la medicación, los paseos, la higiene y las actividades de ocio.

No significa convertir todos los días en una agenda rígida. Una buena rutina debe aportar tranquilidad, no obligaciones.

El objetivo es que la persona sepa aproximadamente cómo transcurrirá su jornada.

Esta previsibilidad resulta especialmente beneficiosa para personas con deterioro cognitivo.

Septiembre es un buen momento para recuperar los paseos

El calor de julio y agosto puede provocar que muchas personas mayores reduzcan considerablemente su actividad física.

Con temperaturas más suaves, septiembre ofrece una oportunidad excelente para recuperar progresivamente los paseos.

Caminar, siempre que las condiciones de salud lo permitan, ayuda a mantener la fuerza muscular, el equilibrio y la movilidad.

Pero sus beneficios van mucho más allá del ejercicio.

Salir de casa permite encontrarse con otras personas, hacer pequeños recados, tomar el aire y mantener el contacto con el barrio.

Para una persona mayor que vive sola, un paseo diario puede convertirse en uno de los momentos más importantes de la jornada.

Cuando existe riesgo de caída o problemas de orientación, contar con acompañamiento permite mantener esta actividad con mayor seguridad.

Recuperar también la vida social

La rutina no debería limitarse a comer, dormir y tomar la medicación.

Una buena calidad de vida necesita relaciones personales.

Después del verano conviene recuperar aquellas actividades que aportan bienestar: visitar familiares, acudir a centros de mayores, quedar con amigos, ir al mercado o simplemente tomar un café.

La soledad no deseada es uno de los grandes retos relacionados con el envejecimiento.

Por eso, cuando organizamos los cuidados de una persona mayor debemos preguntarnos no solamente quién le ayudará a ducharse o preparar la comida, sino también con quién hablará a lo largo del día.

¿Cómo repartir el cuidado entre la familia?

Septiembre suele venir acompañado de agendas complicadas.

Trabajo, colegios, actividades extraescolares y obligaciones hacen que resulte difícil mantener el nivel de atención que quizás hemos podido ofrecer durante las vacaciones.

Una buena opción es organizar las responsabilidades familiares de forma realista.

Es preferible establecer un sistema sostenible a prometer visitas constantes que después resulten imposibles de mantener.

También debemos aceptar que hay situaciones en las que la familia, por mucho que quiera, no puede cubrir todas las necesidades.

Y ahí es donde el apoyo profesional puede resultar especialmente útil.

¿Cuándo valorar la ayuda a domicilio?

La ayuda a domicilio no está reservada únicamente para personas con una gran dependencia.

Puede empezar con unas pocas horas.

Por ejemplo, una persona puede necesitar ayuda únicamente para ducharse tres veces por semana. Otra puede necesitar compañía para salir a caminar. Otra puede necesitar apoyo para preparar la comida diariamente.

Adaptar el servicio a las necesidades reales permite conservar la autonomía.

El objetivo de un buen cuidador no debería ser hacer todo por la persona mayor, sino ayudarla en aquello que necesita para que pueda seguir haciendo por sí misma todo lo demás.

¿Tiene reconocida la situación de dependencia?

Septiembre también puede ser un buen momento para iniciar los trámites de dependencia si la situación del familiar ha cambiado.

La Comunidad de Madrid dispone de diferentes recursos para las personas con dependencia reconocida.

Entre ellos se encuentra la prestación económica vinculada al servicio, conocida habitualmente como Cheque Servicio, que permite contratar determinados servicios profesionales con entidades acreditadas.

Prefiero en Casa es una empresa SAD acreditada por los Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid para la prestación del Cheque Servicio a la Dependencia.

Por eso podemos acompañar a las familias que necesitan atención profesional en el domicilio y orientarles sobre las diferentes posibilidades disponibles.

Crear un nuevo plan de cuidados para el resto del año

Septiembre puede ser nuestro particular comienzo de año.

Es un momento excelente para sentarnos en familia y analizar:

¿Qué necesita actualmente?

¿Qué puede seguir haciendo solo?

¿Dónde necesita ayuda?

¿Está suficientemente acompañado?

¿Sale de casa?

¿Come correctamente?

¿Está tomando bien su medicación?

¿La persona que cuida habitualmente necesita también apoyo?

Responder estas preguntas permite diseñar una organización mucho más adecuada para los próximos meses.

En Prefiero en Casa te ayudamos a recuperar la rutina

En Prefiero en Casa ofrecemos servicios de ayuda a domicilio para personas mayores y dependientes en Madrid, adaptándonos a las necesidades concretas de cada familia.

No creemos en un único modelo de cuidado.

Hay personas que necesitan unas horas de acompañamiento y otras que requieren una atención mucho más continuada.

Por eso estudiamos cada situación y buscamos una solución personalizada.

Septiembre significa volver a empezar. También puede ser el momento perfecto para reorganizar los cuidados y conseguir que nuestros mayores afronten los próximos meses con seguridad, autonomía y compañía.

Porque volver a la rutina también significa volver a cuidar.