Octubre marca un cambio importante. Los días empiezan a ser más cortos, bajan las temperaturas y progresivamente pasamos más tiempo dentro de casa.
Para las personas mayores, esta transición merece una atención especial. El frío, la reducción de actividad física y los cambios de rutina pueden afectar a su bienestar.
Prepararse con tiempo permite afrontar el otoño y el invierno con mayor seguridad.
¿Por qué las personas mayores son más sensibles al frío?
Con la edad, el organismo puede tener más dificultades para regular la temperatura corporal.
Además, determinadas enfermedades y medicamentos pueden modificar la percepción del frío.
Esto significa que una persona mayor puede enfriarse sin ser plenamente consciente.
Por eso es importante observar no solo la temperatura exterior, sino también las condiciones dentro del domicilio.
Preparar la vivienda
Antes de que lleguen las temperaturas más bajas conviene comprobar la calefacción.
También es un buen momento para revisar ventanas, mantas, ropa de cama y cualquier elemento necesario para mantener una temperatura confortable.
Pero debemos evitar también el extremo contrario.
Una vivienda excesivamente caliente y poco ventilada tampoco es saludable.
Ventilar diariamente durante unos minutos ayuda a renovar el aire sin enfriar demasiado la casa.
Revisar el armario
Octubre es el momento de recuperar prendas de abrigo.
La ropa debe permitir que la persona se mueva con comodidad.
Vestirse por capas suele ser una buena estrategia porque permite adaptar fácilmente la ropa a los cambios de temperatura entre el exterior y los espacios interiores.
También debemos prestar especial atención al calzado.
La lluvia y la humedad aumentan el riesgo de resbalones, por lo que resulta recomendable utilizar zapatos cómodos y con buena sujeción.
No abandonar los paseos porque llegue el frío
Uno de los grandes riesgos del otoño es el sedentarismo.
Cuando hace frío es fácil encontrar una excusa para quedarse en casa.
Un día se convierte en dos y, progresivamente, una persona que caminaba diariamente puede pasar gran parte de la jornada sentada.
Siempre que el estado de salud y el tiempo lo permitan, es recomendable mantener los paseos.
Podemos cambiar la hora y aprovechar las temperaturas más agradables del mediodía.
Cuando salir no sea posible, podemos realizar pequeños ejercicios de movilidad dentro de casa.
Aprovechar las horas de luz
Los días más cortos pueden influir en el estado de ánimo.
Por eso es recomendable aprovechar las horas de luz natural.
Abrir persianas, sentarse cerca de una ventana o salir a caminar durante el día ayuda a mantener una rutina activa.
Alimentación e hidratación también en otoño
En verano recordamos constantemente la importancia de beber agua.
Cuando llega el frío solemos olvidarlo.
Sin embargo, las personas mayores siguen necesitando una hidratación adecuada durante todo el año.
Agua, infusiones o caldos pueden formar parte de la rutina.
La alimentación también puede adaptarse incorporando platos calientes y nutritivos.
El otoño y la soledad
Con menos horas de luz y menos tiempo en la calle, algunas personas mayores reducen sus relaciones sociales.
Esto puede aumentar la sensación de aislamiento.
Las visitas familiares, llamadas, actividades sociales y acompañamiento profesional pueden ayudar a mantener una vida activa también durante los meses fríos.
Prepararse antes de necesitar ayuda
Octubre es un buen momento para revisar cómo está afrontando nuestro familiar el día a día.
Quizá durante el verano era capaz de salir varias veces y ahora empieza a necesitar compañía.
Quizá preparar la comida resulta cada vez más complicado.
Detectar estas necesidades antes del invierno permite organizar los cuidados con tranquilidad.
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Porque prepararse para el frío no significa solamente sacar el abrigo. También significa asegurarnos de que nuestros mayores tienen el acompañamiento y la atención necesarios para seguir disfrutando de su hogar con seguridad.