Una de las decisiones más difíciles para una familia es determinar cuándo una persona mayor necesita ayuda.
No suele existir un momento concreto en el que todo cambie. En la mayoría de los casos, la pérdida de autonomía se produce poco a poco. Primero deja de hacer determinadas tareas, después empieza a necesitar ayuda con otras y, con el tiempo, algunas actividades cotidianas pueden convertirse en una dificultad.
Precisamente por eso es habitual preguntarse: ¿cómo saber si mi padre o mi madre necesita ayuda a domicilio?
Detectar las primeras señales permite actuar antes de que se produzca una caída, un problema de alimentación, un error con la medicación o una situación de aislamiento.
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Empieza a descuidar su higiene personal
Uno de los primeros cambios puede aparecer en el aseo.
Ducharse parece una tarea sencilla, pero implica entrar y salir de la bañera o ducha, mantener el equilibrio, alcanzar diferentes partes del cuerpo y vestirse posteriormente.
El miedo a caer puede hacer que algunas personas mayores empiecen a espaciar los baños sin explicárselo a la familia.
La ayuda profesional puede permitir mantener la higiene respetando siempre la intimidad y autonomía de la persona.
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La alimentación empieza a empeorar
Abrir la nevera de una persona mayor puede ofrecernos mucha información.
Si encontramos pocos alimentos, productos caducados o una alimentación excesivamente repetitiva, quizá preparar las comidas se esté convirtiendo en una dificultad.
También debemos prestar atención a una pérdida de peso inesperada.
Un cuidador puede ayudar con la compra, preparación de alimentos y organización de las comidas.
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Olvida la medicación
Muchas personas mayores toman varios medicamentos diariamente.
Confundir horarios, olvidar una dosis o tomarla dos veces puede tener consecuencias importantes.
Los pastilleros ayudan, pero cuando los olvidos son frecuentes puede ser necesaria una supervisión adicional.
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La casa ya no está como antes
No hablamos de tener una vivienda perfectamente ordenada.
La señal aparece cuando existe un cambio respecto a los hábitos habituales de esa persona.
Platos acumulados, ropa sin lavar o dificultades para realizar pequeñas tareas domésticas pueden indicar que algunas actividades empiezan a resultar demasiado exigentes.
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Sale cada vez menos
A veces atribuimos este comportamiento a que «ya no le apetece».
Pero detrás puede existir miedo.
Miedo a caer.
Miedo a no poder regresar.
Miedo a desorientarse.
Cuando una persona empieza a salir menos, pierde actividad física y también relaciones sociales.
El acompañamiento puede permitirle recuperar paseos y actividades con seguridad.
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Ha sufrido alguna caída o tiene miedo de caerse
Una caída debe tomarse siempre en serio, aunque aparentemente no haya provocado lesiones.
Además, después de una caída puede aparecer miedo a volver a caminar, provocando que la persona se mueva menos.
Esto puede generar pérdida de fuerza y aumentar todavía más el riesgo.
Revisar el domicilio, mantener actividad física adaptada y contar con acompañamiento puede contribuir a reducir estos riesgos.
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Se siente sola
Una persona puede ser completamente autónoma físicamente y necesitar ayuda igualmente.
La soledad también importa.
Frases como «aquí no viene nadie», «los días se hacen muy largos» o llamadas constantes a los familiares pueden indicar una necesidad de compañía.
El acompañamiento profesional no sustituye a la familia, pero puede ampliar la red de apoyo y proporcionar conversación, paseos y actividades.
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Aparecen pequeños olvidos que interfieren en su día
Olvidar dónde hemos dejado unas gafas es normal a cualquier edad.
La situación merece más atención cuando los olvidos empiezan a interferir en la vida cotidiana.
Dejar el fuego encendido, olvidar repetidamente la medicación, desorientarse en lugares conocidos o no recordar citas importantes son señales que conviene consultar con profesionales sanitarios.
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La familia empieza a sentirse desbordada
A veces la señal no aparece en la persona mayor, sino en quienes la cuidan.
Si un hijo está permanentemente pendiente del teléfono, si una pareja cuidadora está agotada o si el cuidado genera conflictos familiares, quizá sea el momento de buscar apoyo.
Cuidar durante mucho tiempo sin descanso puede producir agotamiento físico y emocional.
Pedir ayuda no significa abandonar el cuidado. Significa hacerlo sostenible.
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Algo ha cambiado y no sabemos explicar exactamente qué
Las familias conocen muy bien a sus mayores.
A veces no existe una señal concreta, pero sentimos que algo ha cambiado.
Está más apagado.
Habla menos.
Come peor.
La casa está diferente.
Ha dejado de llamar a sus amigos.
Estas percepciones también merecen atención.
Una valoración profesional puede ayudar a determinar qué tipo de apoyo necesita.
¿Hay que esperar a que exista una gran dependencia?
No.
Este es uno de los errores más frecuentes.
La ayuda a domicilio también tiene una función preventiva.
Introducir apoyo cuando empiezan las primeras dificultades puede ayudar a conservar la autonomía durante más tiempo.
Quizá solo necesite tres horas semanales.
O acompañamiento para salir.
O ayuda con la ducha.
El servicio puede crecer o reducirse conforme cambien las necesidades.
Ayuda a domicilio personalizada en Madrid
En Prefiero en Casa ayudamos a las familias a analizar la situación y encontrar el nivel de atención adecuado.
Nuestros servicios pueden incluir atención personal, acompañamiento, apoyo doméstico relacionado con el cuidado, preparación de comidas, paseos y otras actividades del día a día.
Además, somos una empresa SAD acreditada por los Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid para prestar servicios dentro del Cheque Servicio a la Dependencia.
Si estás empezando a preguntarte si tu padre, tu madre o cualquier otro familiar necesita ayuda, probablemente sea un buen momento para hablar sobre ello.
No es necesario esperar a que ocurra algo.
Muchas veces, cuidar mejor comienza simplemente por anticiparse.